Reflexión

Ser el siguiente o no ser nadie

Si ya me has leído anteriormente sabrás que mis textos emanan de reflexiones personales. Y es que vamos viviendo el día a día a una velocidad de vértigo, haciendo cosas que, aunque en el momento no parecen las mejores, seguimos adelante con la tarea. Pero llega un momento en el que te miras en el espejo pensando en lo vivido en días anteriores y algo rechina dentro de tu cabeza.

Antes de desarrollar este tema quise lanzar una encuesta para que los trabajadores de residencias pudieran compartir conmigo su experiencia y de esta manera enriquecer el artículo. Contar solo mis experiencias iba a ser sesgado y quería reflejar la “realidad” de las residencias en el tratamiento del post-mortem e incluso del acompañamiento en los procesos de fallecimiento. Quiero agradecer tanto la gran participación como las propuestas y exposiciones que habéis hecho. Para no aburrir con datos dejo un brevísimo análisis y comentarios sobre la encuesta en un enlace al final de esta entrada por si es de tu interés.

Una situación que viví y me resultó una aberración fue comprobar que cuando una persona fallece en una residencia, el resto de usuarios pueden no enterarse durante días de esa muerte. Por mi experiencia sabía que en otros centros se hacía de otra manera y esto era inadmisible. Entonces pregunté algo tan sencillo como ¿y se puede al menos poner una esquela? y la respuesta aplastante: “No está permitido poner esquelas en la residencia”.

Si hay una cosa que tenemos clara los que trabajamos en residencia es que aquí, por regla general, no damos altas. Normalmente la persona que ingresa en una residencia lo hace hasta el día de su muerte. Ésto debe hacer que nos preocupemos de manera muy intensa en trabajar bien los procesos de fallecimiento. La teoría de cuidados al final de la vida, del acompañamiento y demás conceptos los conocemos todos, pero entonces ¿Qué es lo que empuja a algunos centros a esconder la muerte? Creo que una de las razones es la infantilización que se hace de las personas mayores. Tomando la misma actitud que con los niños, se hace todo lo posible para que no se enteren de que la muerte es real y que está ahí, esperándonos a todos.

En una conversación que tuve con otra compañera, debatíamos sobre si es adecuado informar de forma generalizada sobre el fallecimiento de un usuario. Ella afirmaba que no es recomendable y se basaba en la premisa de “si ven que fallecen los otros usuarios pueden tener el sentimiento de que ellos son los siguientes y eso puede ser demoledor”. Yo no comparto esta visión. Los mayores también saben que ingresan en la residencia hasta el día de su fallecimiento. Las personas de mayor edad saben que su final está relativamente cerca aunque, igual que el resto de adultos, no están pensando todo el día en ello y tampoco significa que estén preparados para morir, sin embargo son conscientes de que esa posibilidad es cada vez es más plausible. Apoyándome en esto le di la vuelta al argumento y defendí que si no informas, al menos a sus compañeros más cercanos, el sentimiento que les va a quedar es “aquí te mueres y no se entera nadie”. Y eso si que es demoledor para encarar el resto de los días.

He vivido situaciones como la de una señora que me preguntó por su amiga y ésta había fallecido hacía tres días. Desconsolada me decía que no la veía hacía días pero que no sabía que estaba “tan malita”, que le hubiese gustado despedirse y que si no hubiera sido posible, al menos, le hubiera gustado dar el pésame a la familia. Sin embargo, la familia ya había venido a recoger las pertenencias de su madre y no estaba previsto que volvieran.

Leyendo las aportaciones que han hecho los compañeros y compañeras de otras residencias de toda España he encontrado auténticas maravillas. Sí, también veréis como hay centros donde no se informa, no se permite el acompañamiento, está prohibido la puesta de esquelas, o lo que aún es peor, ni siquiera se habían planteado nada de esto como posibilidad.

Pero ahora quiero centrarme en esas perlas que encontré. Residencias donde tienen un formato propio de “esquela o anuncio” y que ponen en un lugar visible para el resto. Centros donde se aseguran mucho de tener recogidas las preferencias de la persona que va a fallecer para poder permitir visitas de otros usuarios si era su deseo. Equipos que informan al círculo más cercano de la persona que está falleciendo por si quieren acompañarle, despedirse, rezar por él o lo que consideren. Una compañera me expone que en su centro publican periódicamente una revista donde cuentan excursiones, actos, noticias etcétera y que siempre dedican un espacio a los fallecidos en ese periodo. Hay sitios donde en la capilla del centro se hacen misas para despedir al compañero, otros tienen velatorios…

No se cual es la combinación perfecta de actuaciones, lo que sí sé es que estos ejemplos son sinónimo de cuidar. Es CUIDAR con mayúsculas al que fallece porque lo hace como él quiso, también es cuidar de la familia porque se sentirá arropada por el equipo y usuarios, y es cuidar al resto de personas que viven allí porque percibirán que son respetados como personas y que en su final serán honrados y recordados. Estos actos ahuyentan la idea de ser un número más o de convertirse en una cama libre para reforzar el reconocimiento como persona única.

Como reflexión, tratemos a los mayores como los adultos que son, huyamos de infantilizarles. No les neguemos el derecho a despedirse del compañero o de ser acompañados por los que también han sido su familia en esta última etapa. No pueden caer en el olvido, no puede ser que se vayan sin dejar un rastro, sin que nadie se entere. No cometamos el error de protegerles para que no se sientan “los siguientes” y provocar que sientan “no haber sido nadie”.

La encuesta y comentarios aquí

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8 comentarios en “Ser el siguiente o no ser nadie”

  1. Muchas gracias de nuevo Jonathan por la reflexión, por la encuesta y su análisis.
    Recuerdo hace muchos años, trabajando en una escuela de educación especial con niños con salud muy frágil… Lo peor, cuando alguno nos dejaba, era que todo siguiera igual. Compartir un espacio de tiempo con quien estaba cerca, sumar escritos, que suene su canción… Dejar huella, aunque duela.
    Comparto para que siga resonando tu pregunta.
    Gracias!!!!

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  2. Magnífica reflexión sobre la necesidad de naturalizar el final de la vida. La muerte es una de las pocas certezas que compartimos. Sin embargo, sobre el hecho recae un tabú que no hace sino crecer. Alimentarlo con el ocultamiento conlleva más perjuicios que beneficios. Naturalizar el suceso es una asignatura pendiente para todos. Y deberíamos buscar el mejor modo de abordar las dificultades que pueda generar entre algunos mayores. A mi juicio, lo más probable es que solo sean una minoría.

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  3. Muy buena reflexión Jonathan. Reconozco que soy una de las que pensaba en la tristeza que les puede causar pensar ser “los siguientes” y nunca había reflexionado que en realidad podrían pensar “no haber sido nadie”. Creo que nunca se ha empleado el tiempo suficiente en enseñarnos a aceptar la muerte como un proceso mas en la vida y tendemos a hacerlo tabú. Y si reflexiono, me doy cuenta que ellos, nuestros mayores, saben aceptar la muerte mejor que nadie. Gracias por hacerme pensar.

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  4. Creo que entre todos deberíamos normalizar la muerte, si empezáramos a verla como un estado natural y de paz… pondríamos enfrentarnos a ella sin ese miedo al que nos han acostumbrado.

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